MERKEL Y EMPRESARIOS ALEMANES EN COMERCIO DE HUMANOS, PARA DESFALCARLOS EN COMERCIO CON JUAN GERARDO GUAIDO.

MERKEL Y EMPRESARIOS ALEMANES EN COMERCIO DE HUMANOS, PARA DESFALCARLOS EN COMERCIO CON JUAN GERARDO GUAIDO.

MERKEL Y EMPRESARIOS ALEMANES EN COMERCIO DE HUMANOS, PARA DESFALCARLOS EN COMERCIO CON JUAN GERARDO GUAIDO.

Actualidad

EXPERIMENTACION EN HUMANOS SATELITALES CIVILES TRATADOS COMO COVAYAS HUMANAS, INGLESAS, ESPAÑOLAS, SUIZAS, FRANCESAS, ALEMANAS, ESTADO UNIDENSES Y OTROS PAISES. MILLONES DE DOCTORES MCLONES CON TECNOLOGIAS VR Y STENTS.



¿Por qué comparan a Merkel con los nazis?.



Cada vez son más quienes tildan de nazi y de "nuevo Hitler" a la canciller alemana, Angela Merkel. ¿Significa esto que la cultura política en Europa ha fallado? ¿Por dónde hay que buscar la salida?.



Todo empezó en Grecia. Hace unos tres años, furiosos atenienses se tomaron las calles en protesta y una de sus pancartas mostraba a la canciller alemana, Angela Merkel, en uniforme de las SS. Desde ahí, las comparaciones con los nacionalsocialistas no han parado. Los que protestan no cesan de decir que las estrictas medidas de austeridad preconizadas por Merkel para hacer frente a la crisis del euro pavimentan el poder alemán en Europa y que la situación se asemeja a la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, cientos de miles de griegos cayeron a manos de los alemanes.



Una de las protestas en Chipre en marzo de 2013.



Casi 70 años más tarde, muchos griegos se ven otra vez como víctimas de los alemanes: el índice de suicidios en el país ha incrementado en un 30 por ciento y de la población joven, menos del 50 por ciento tiene trabajo. Buena parte de la población helena ve impotente cómo la crisis se lleva toda posibilidad de una vida digna. ¿Es de admirarse, entonces, que sumándose a las protestas, los medios griegos hayan optado por duros ataques a los alemanes? Programas de televisión con los nazis como tema baten récords de audiencia.



“La Alemania nazi sigue viva”.



Otros países europeos también han ido desempolvando su imaginario nazi a medida que la crisis ha ido haciéndose sentir. Éste es el caso de Chipre, que no sufrió de ocupación alemana durante la guerra. Cuando los pequeños ahorristas comenzaron a temer que tendrían que pagar por la quiebra de los bancos, furiosos manifestantes salieron a las calles con máscaras de Merkel y bigotes de Hitler. En sus pancartas se leía: “la Alemania nazi sigue viva”. Y en España, recientemente un profesor de Economía escribió en el diario de más difusión del país que Merkel “como Hitler ha declarado la guerra al resto de Europa, esta vez para asegurar a los alemanes su espacio económico”. Aun cuando los editores retiraron el artículo, esto es prueba de que el aire está envenenado.



Importa poco que las comparaciones con los nazis no sean sustentables históricamente. Olaf Schwencke, ex diputado alemán al Parlamento Europeo y ahora presidente de la Asociación Alemana de la Fundación Cultural Europea (ECF), opina que aunque “son totalmente inapropiadas, en cierta medida son comprensibles sicológicamente”. Los últimos acontecimientos despiertan la memoria colectiva de esas naciones que fueron invadidas por los nazis y “cuando aparece un nuevo desafío la respuesta es desproporcionada”, afirma.



¿El fin de la cultura política?.



No obstante, Schwencke es muy crítico con la manera en que Alemania ha tratado esta situación. “Deberían haber dejado claro que su aporte económico es parte de la solidaridad europea y no actuar según el lema "nosotros lo hemos hecho bien, háganlo como nosotros".



ENSAYOS CLÍNICOS.



Breves.



Hay más de 23.000 peruanos captados para experimentos de farmacéuticas extranjeras
Fabiola Torres.
El Comercio, 24 de junio de 2013.



http://elcomercio.pe/actualidad/1594794/noticia-farmaceuticas-extranjeras-hacen-experimentos-mas-23-mil-peruanos



Los laboratorios pueden pagar desde S500 (1US$=S2,82) hasta S13.000 a un médico por cada persona reclutada para sus estudios. En el 2007, el entonces ministro de Salud, Carlos Vallejos, flexibilizó las reglas para autorizar esta actividad en el país y hoy es uno de los investigadores que concentra más contratos con entidades privadas para ejecutar sus estudios clínicos.



Los experimentos con seres humanos son una creciente práctica médica en el Perú. Los financian nueve farmacéuticas extranjeras que reclutan voluntarios para probar la seguridad y eficacia de sus nuevos productos, antes de patentarlos y lanzarlos al mercado. Sin embargo, las reglas de esta actividad permiten que funcione como un millonario y poco transparente negocio que rebasa la capacidad de supervisión del Estado.



Actualmente, 23.207 personas están enroladas en 300 experimentos que realizan laboratorios internacionales en 137 hospitales, clínicas, consultorios y hasta organizaciones no gubernamentales del país, según los registros de autorizaciones del Instituto Nacional de Salud (INS). Dicho organismo regula estas investigaciones, pero solo dispone de un supervisor de campo para garantizar la protección de miles de voluntarios participantes.



El problema empezó en el 2007, cuando el entonces ministro de Salud, Carlos Vallejos, flexibilizó los trámites y condiciones para la experimentación médica con personas a través de 35 modificaciones al Reglamento Nacional de Ensayos Clínicos (vea las más importantes en el Cuadro 1).



La norma original había sido aprobada en julio del 2006, a finales del régimen de Alejandro Toledo, y era considerada un avance para la protección de los participantes en experimentos de excesivos o innecesarios riesgos para su vida.



Como ministro, Vallejos fue propulsor del cambio que dio lugar a un ‘boom’ de permisos y hoy figura entre los 15 médicos que concentran de 10 a más contratos con laboratorios y entidades privadas para ejecutar experimentos médicos con personas en el país, de acuerdo con los reportes del INS a los que accedió El Comercio, a través de una solicitud de información pública.



En dicho grupo también aparecen los oncólogos Henry Gómez Moreno, Jorge Salas Sánchez, Silvia Neciosup Delgado y José Hurtado de Mendoza, quienes con Vallejos fundaron Gecoperú el 2005, una organización privada de investigación clínica por contrato dedicada a ejecutar pruebas con enfermos de cáncer.



Pagos confidenciales
Cuando se autoriza un experimento médico con personas, los patrocinadores contratan a médicos y empresas intermediarias (organizaciones de investigación clínica por contrato) para captar a los voluntarios y ejecutar las pruebas de sus productos. La información financiera y los pagos por esta actividad se consideran confidenciales. Lo cierto es que solo por cada persona enrolada un médico puede recibir desde S500 hasta S13.000, montos que aumentan dependiendo de los riesgos del producto en investigación y la complejidad de los procedimientos, revelaron a este Diario profesionales que laboran en este campo y prefirieron mantener su nombre en reserva.



Las personas que se someten a las pruebas firman un formulario de consentimiento informado. No reciben pago alguno. Su beneficio es la esperanza de que el producto en investigación sea efectivo contra su enfermedad. Pero ocurre que, una vez que concluye el experimento, ya no tienen acceso a él y deben esperar a que se comercialice y pagar para adquirirlo.



Además, en el documento que firman los voluntarios no son informados en forma explícita de que existe la posibilidad de recibir el fármaco en estudio o un placebo (sustancia inocua que carece de valor terapéutico) durante experimentos en los que se comparan los efectos entre quienes usaron el producto y quiénes no.



El Reglamento Nacional de Ensayos Clínicos no contempla las situaciones descritas ni tampoco una escala de sanciones a los financistas y médicos que violan las buenas prácticas clínicas durante las investigaciones y ocasionan daños serios o la muerte de personas.



Desde hace seis meses, el jefe del Instituto Nacional de Salud, César Cabezas, tiene en su despacho el proyecto de decreto supremo que cubre este vacío, pero -al igual que la propuesta legislativa que subsana las modificaciones realizadas por Vallejos- está en evaluación.



Desde que existe un reglamento para la experimentación con personas en el país, el INS investigó 19 casos por violaciones a las buenas prácticas clínicas que ocasionaron daños serios y muertes de participantes en experimentos. Cinco concluyeron con apenas amonestaciones a investigadores médicos, uno sigue en proceso y el resto se archivaron, pero todos se mantuvieron en reserva. Los revelamos en la segunda parte de este informe.



Controversia: la concentración de contratos
Entre el 2009 y el 2010, el Instituto Nacional de Salud (INS) intentó regular el número de experimentos con personas que podía estar realizando un médico investigador, a fin de garantizar el tiempo y el seguimiento personal a esta delicada labor. Sin embargo, la Asociación Peruana de Organizaciones de Investigación Clínica por Contrato (Apoicc) señaló que dicha medida violaba sus derechos laborales.



El personaje: el ex ministro Vallejos guarda silencio
En el Perú, se realizan experimentos médicos con seres humanos desde 1980, pero el Ministerio de Salud recién aprobó un reglamento específico para esta actividad en el 2006 con el fin de proteger los derechos de los participantes reclutados. Solo un año después, el entonces ministro de Salud, Carlos Vallejos, quien se negó a declarar para este informe, flexibilizó las disposiciones para la experimentación médica con personas.



Los experimentos en el Perú
Las farmacéuticas necesitan probar la eficacia y seguridad de su producto en miles de personas enfermas en todo el mundo a fin de cubrir un amplio espectro de sus efectos. En el Perú, así funciona el proceso de autorización de un experimento médico con humanos.



Las pruebas para producir un nuevo fármaco cuestan entre US$300 y US$600 millones [1].



La farmacéutica contrata a uno o varios médicos investigadores de hospitales y clínicas para que se encarguen de las pruebas de su fármaco en estudio.  Un comité institucional de ética en investigación registrado en el país evalúa el estudio. Se verifica si los beneficios del experimento son mayores a los riesgos que correrán los pacientes



Si el Comité de Ética avala el proyecto, la farmacéutica lo presenta al Instituto Nacional de Salud (INS) para su autorización.



El INS pide una opinión a la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) para evaluar si el producto en investigación cumple los requisitos de seguridad para probarse en personas en nuestro país.



Si el proyecto es aceptado, el médico puede empezar a convocar a los pacientes que reúnen el perfil para el experimento.



Los médicos ganan entre US$500 y US$13.000 por cada paciente [2].



Los voluntarios firman un documento de consentimiento informado.



Si en el proceso ocurren reacciones adversas en los pacientes, la farmacéutica y los médicos responsables están obligados a notificar al INS y al Comité de Ética que supervisa el experimento.



En 1996, la población de Ciudad-Villa Miseria, Kano, Nigeria con cerca de cuatro millones de habitantes, sufrió una epidemia de meningitis, que termino con la vida de al menos 11.000 personas. En medio de esta crisis humanitaria, la empresa farmacéutica Pfizer, envió a un grupo de médicos, que colocó su centro de operaciones en Ciudad-Villa Miseria. El personal enviado por esta compañía farmacéutica, detectó y captaron a 200 niños, acordando con sus familias, que los curarían. Once de aquellos niños, murieron, y muchos más sufrieron efectos adversos graves, incluido daño cerebral. El fracaso de la terapia experimental de los laboratorios Pfizer, hizo a la empresa desmantelar su dispositivo apenas dos semanas después de llegar a la zona, sin ofrecer información sobre los experimentos.







La conciencia de uno de los investigadores, Juan Walterspiel, que participó en la misión de laboratorio Pfizer, le llevó a denunciar los hechos de su propia empresa. En esa denuncia, el médico, advertía de lo sucedido, y aseguró, que las pruebas realizadas por la empresa Pfizer con el medicamento Trovan (trovofloxacino), habían violado “normas éticas”, faltando a los protocolos para experimentación establecidos en la Declaración de Helsinki (Finlandia), que regula este tipo de acciones experimentales. Establece en su artículo 5: ”en investigación médica en seres humanos, la preocupación por el bienestar de los seres humanos, debe de tener siempre primacía sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad”. Y el artículo 8, señala: ”la investigación médica, está sujeta a normas éticas, que sirven para promover el respeto a todos los seres humanos, para proteger su salud y sus derechos individuales”.



Un día después de enviar la carta, el empleado, fue despedido.



La compañía Pfizer, incumplió estos artículos de la Declaración, ya que la experimentación del trovofloxacino, se hizo en 200 niños, de manera ilegal, lo que condujo a la muerte a once de ellos y dejando con daños secundario al resto. Este tipo de acciones, no son aisladas. Lo ocurrido en Ciudad-Villa Miseria, se extendió entre los habitantes de Nigeria y de los países vecinos (Camerún, Chad, Níger, Benín), lo que llevó a rechazar los programas de vacunación, encabezados por la OMS. Cada vez, las personas tienen más desconfianza a los productos farmacéuticos, de la medicina occidental.



De acuerdo a lo narrado por el diario británico The Independent, el Estado de Kano, Nigeria, reclamaba, once años después, en el 2007, una indemnización para el Estado, los familiares y los afectados, por 1,480 millones de euros. La mayor farmacéutica del mundo, fue demandada por los abogados de los afectados: Eitgwe Juno (nigeriano) y el gabinete de abogados Richard Altschuler, de Estados Unidos.



Ante esta denuncia, Pfizer negó todos los hechos y los cargos, refiriendo que: “fue la meningitis y no el Trovan, el causante de la muerte de los once niños y de los daños irreversibles neurológicos, en decenas de otros niños”. Fuentes de la compañía en esas fechas, señalaron que cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), le pidió “ayuda”, para frenar las muertes en Nigeria, por una pavorosa epidemia de meningitis, el trovofloxacino (Trovan), ya se había probado en otors 5.000 pacientes experimentales.



En 2009, el Estado nigeriano y la farmacéutica estadounidense Pfizer, llegó a un acuerdo extrajudicial, para indemnizar con 55 millones de euros a las familias de los fallecidos, y al resto que quedó con secuelas. A fines de ese mismo año, una corte de apelaciones de Nueva York, dictaminó, que el caso de Etigwe y Altschuler, podría ser reabierto en los Estados Unidos. El fiscal de Connecticut manifestó : “Nuestro caso está firmemente planteado en los Estados Unidos, el acuerdo nigeriano, no lo cierra”.



Es un hecho que Pfizer se esta lucrando con la salud de millones de personas, no sólo en África, si no a nivel global.



De acuerdo a información de la agencia Reuters y la revista Forbes, la compañía Pfizer, en sus ingresos por venta de fármacos para el cáncer en 2016, se incrementaron en un 28 %,en el segundo trimestre, ayudados e impulsados por nuevos productos como el Inlyta y el Xalkori.



En la división de genéricos, a Pfizer le representa el 17 % de sus ventas totales. El presidente ejecutivo de Pfizer, Ian Read, implementa estrategias en el mercado, revisando y reorganizando la estructura del grupo, para “revitalizar” su innovación, basada en su principal negocio de fármacos, intentando valorar sus productos en los consumidores, con sus marcas consolidadas fuera de patente, maximizando el uso de capital, esperando que los mercados emergentes aceleren, liderados por China.



Los ingresos de Pfizer en 2016 por vacunas globales, subieron un 45%, 1.920 millones de dólares, con un crecimiento del 102 % de su vacuna “contra” la neumonía, Prevenar , en los Estados Unidos.



Ese mismo año, de acuerdo a analistas, la empresa obtuvo ingresos de 52.490 millones de dólares, en ganancias de 2.36 dólares por acción.



Los beneficios de Pfizer se nutre de la enfermedad de los empobrecidos.



 







EUROPA.



¿Por qué comparan a Merkel con los nazis?



Cada vez son más quienes tildan de nazi y de "nuevo Hitler" a la canciller alemana, Angela Merkel. ¿Significa esto que la cultura política en Europa ha fallado? ¿Por dónde hay que buscar la salida?



Todo empezó en Grecia. Hace unos tres años, furiosos atenienses se tomaron las calles en protesta y una de sus pancartas mostraba a la canciller alemana, Angela Merkel, en uniforme de las SS. Desde ahí, las comparaciones con los nacionalsocialistas no han parado. Los que protestan no cesan de decir que las estrictas medidas de austeridad preconizadas por Merkel para hacer frente a la crisis del euro pavimentan el poder alemán en Europa y que la situación se asemeja a la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, cientos de miles de griegos cayeron a manos de los alemanes.



Una de las protestas en Chipre en marzo de 2013.



Casi 70 años más tarde, muchos griegos se ven otra vez como víctimas de los alemanes: el índice de suicidios en el país ha incrementado en un 30 por ciento y de la población joven, menos del 50 por ciento tiene trabajo. Buena parte de la población helena ve impotente cómo la crisis se lleva toda posibilidad de una vida digna. ¿Es de admirarse, entonces, que sumándose a las protestas, los medios griegos hayan optado por duros ataques a los alemanes? Programas de televisión con los nazis como tema baten récords de audiencia.



“La Alemania nazi sigue viva”.



Otros países europeos también han ido desempolvando su imaginario nazi a medida que la crisis ha ido haciéndose sentir. Éste es el caso de Chipre, que no sufrió de ocupación alemana durante la guerra. Cuando los pequeños ahorristas comenzaron a temer que tendrían que pagar por la quiebra de los bancos, furiosos manifestantes salieron a las calles con máscaras de Merkel y bigotes de Hitler. En sus pancartas se leía: “la Alemania nazi sigue viva”. Y en España, recientemente un profesor de Economía escribió en el diario de más difusión del país que Merkel “como Hitler ha declarado la guerra al resto de Europa, esta vez para asegurar a los alemanes su espacio económico”. Aun cuando los editores retiraron el artículo, esto es prueba de que el aire está envenenado.



Importa poco que las comparaciones con los nazis no sean sustentables históricamente. Olaf Schwencke, ex diputado alemán al Parlamento Europeo y ahora presidente de la Asociación Alemana de la Fundación Cultural Europea (ECF), opina que aunque “son totalmente inapropiadas, en cierta medida son comprensibles sicológicamente”. Los últimos acontecimientos despiertan la memoria colectiva de esas naciones que fueron invadidas por los nazis y “cuando aparece un nuevo desafío la respuesta es desproporcionada”, afirma.



¿El fin de la cultura política?.



No obstante, Schwencke es muy crítico con la manera en que Alemania ha tratado esta situación. “Deberían haber dejado claro que su aporte económico es parte de la solidaridad europea y no actuar según el lema "nosotros lo hemos hecho bien, háganlo como nosotros".



EUROPA.



¿Por qué comparan a Merkel con los nazis?



Cada vez son más quienes tildan de nazi y de "nuevo Hitler" a la canciller alemana, Angela Merkel. ¿Significa esto que la cultura política en Europa ha fallado? ¿Por dónde hay que buscar la salida?



Todo empezó en Grecia. Hace unos tres años, furiosos atenienses se tomaron las calles en protesta y una de sus pancartas mostraba a la canciller alemana, Angela Merkel, en uniforme de las SS. Desde ahí, las comparaciones con los nacionalsocialistas no han parado. Los que protestan no cesan de decir que las estrictas medidas de austeridad preconizadas por Merkel para hacer frente a la crisis del euro pavimentan el poder alemán en Europa y que la situación se asemeja a la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, cientos de miles de griegos cayeron a manos de los alemanes.



Una de las protestas en Chipre en marzo de 2013.



Casi 70 años más tarde, muchos griegos se ven otra vez como víctimas de los alemanes: el índice de suicidios en el país ha incrementado en un 30 por ciento y de la población joven, menos del 50 por ciento tiene trabajo. Buena parte de la población helena ve impotente cómo la crisis se lleva toda posibilidad de una vida digna. ¿Es de admirarse, entonces, que sumándose a las protestas, los medios griegos hayan optado por duros ataques a los alemanes? Programas de televisión con los nazis como tema baten récords de audiencia.



“La Alemania nazi sigue viva”.



Otros países europeos también han ido desempolvando su imaginario nazi a medida que la crisis ha ido haciéndose sentir. Éste es el caso de Chipre, que no sufrió de ocupación alemana durante la guerra. Cuando los pequeños ahorristas comenzaron a temer que tendrían que pagar por la quiebra de los bancos, furiosos manifestantes salieron a las calles con máscaras de Merkel y bigotes de Hitler. En sus pancartas se leía: “la Alemania nazi sigue viva”. Y en España, recientemente un profesor de Economía escribió en el diario de más difusión del país que Merkel “como Hitler ha declarado la guerra al resto de Europa, esta vez para asegurar a los alemanes su espacio económico”. Aun cuando los editores retiraron el artículo, esto es prueba de que el aire está envenenado.



Importa poco que las comparaciones con los nazis no sean sustentables históricamente. Olaf Schwencke, ex diputado alemán al Parlamento Europeo y ahora presidente de la Asociación Alemana de la Fundación Cultural Europea (ECF), opina que aunque “son totalmente inapropiadas, en cierta medida son comprensibles sicológicamente”. Los últimos acontecimientos despiertan la memoria colectiva de esas naciones que fueron invadidas por los nazis y “cuando aparece un nuevo desafío la respuesta es desproporcionada”, afirma.



¿El fin de la cultura política?.



No obstante, Schwencke es muy crítico con la manera en que Alemania ha tratado esta situación. “Deberían haber dejado claro que su aporte económico es parte de la solidaridad europea y no actuar según el lema "nosotros lo hemos hecho bien, háganlo como nosotros".



EUROPA.



¿Por qué comparan a Merkel con los nazis?



Cada vez son más quienes tildan de nazi y de "nuevo Hitler" a la canciller alemana, Angela Merkel. ¿Significa esto que la cultura política en Europa ha fallado? ¿Por dónde hay que buscar la salida?



Todo empezó en Grecia. Hace unos tres años, furiosos atenienses se tomaron las calles en protesta y una de sus pancartas mostraba a la canciller alemana, Angela Merkel, en uniforme de las SS. Desde ahí, las comparaciones con los nacionalsocialistas no han parado. Los que protestan no cesan de decir que las estrictas medidas de austeridad preconizadas por Merkel para hacer frente a la crisis del euro pavimentan el poder alemán en Europa y que la situación se asemeja a la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, cientos de miles de griegos cayeron a manos de los alemanes.



Una de las protestas en Chipre en marzo de 2013.



Casi 70 años más tarde, muchos griegos se ven otra vez como víctimas de los alemanes: el índice de suicidios en el país ha incrementado en un 30 por ciento y de la población joven, menos del 50 por ciento tiene trabajo. Buena parte de la población helena ve impotente cómo la crisis se lleva toda posibilidad de una vida digna. ¿Es de admirarse, entonces, que sumándose a las protestas, los medios griegos hayan optado por duros ataques a los alemanes? Programas de televisión con los nazis como tema baten récords de audiencia.



“La Alemania nazi sigue viva”.



Otros países europeos también han ido desempolvando su imaginario nazi a medida que la crisis ha ido haciéndose sentir. Éste es el caso de Chipre, que no sufrió de ocupación alemana durante la guerra. Cuando los pequeños ahorristas comenzaron a temer que tendrían que pagar por la quiebra de los bancos, furiosos manifestantes salieron a las calles con máscaras de Merkel y bigotes de Hitler. En sus pancartas se leía: “la Alemania nazi sigue viva”. Y en España, recientemente un profesor de Economía escribió en el diario de más difusión del país que Merkel “como Hitler ha declarado la guerra al resto de Europa, esta vez para asegurar a los alemanes su espacio económico”. Aun cuando los editores retiraron el artículo, esto es prueba de que el aire está envenenado.



Importa poco que las comparaciones con los nazis no sean sustentables históricamente. Olaf Schwencke, ex diputado alemán al Parlamento Europeo y ahora presidente de la Asociación Alemana de la Fundación Cultural Europea (ECF), opina que aunque “son totalmente inapropiadas, en cierta medida son comprensibles sicológicamente”. Los últimos acontecimientos despiertan la memoria colectiva de esas naciones que fueron invadidas por los nazis y “cuando aparece un nuevo desafío la respuesta es desproporcionada”, afirma.



¿El fin de la cultura política?.



No obstante, Schwencke es muy crítico con la manera en que Alemania ha tratado esta situación. “Deberían haber dejado claro que su aporte económico es parte de la solidaridad europea y no actuar según el lema "nosotros lo hemos hecho bien, háganlo como nosotros".



EUROPA.



¿Por qué comparan a Merkel con los nazis?



Cada vez son más quienes tildan de nazi y de "nuevo Hitler" a la canciller alemana, Angela Merkel. ¿Significa esto que la cultura política en Europa ha fallado? ¿Por dónde hay que buscar la salida?



Todo empezó en Grecia. Hace unos tres años, furiosos atenienses se tomaron las calles en protesta y una de sus pancartas mostraba a la canciller alemana, Angela Merkel, en uniforme de las SS. Desde ahí, las comparaciones con los nacionalsocialistas no han parado. Los que protestan no cesan de decir que las estrictas medidas de austeridad preconizadas por Merkel para hacer frente a la crisis del euro pavimentan el poder alemán en Europa y que la situación se asemeja a la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, cientos de miles de griegos cayeron a manos de los alemanes.



Una de las protestas en Chipre en marzo de 2013.



Casi 70 años más tarde, muchos griegos se ven otra vez como víctimas de los alemanes: el índice de suicidios en el país ha incrementado en un 30 por ciento y de la población joven, menos del 50 por ciento tiene trabajo. Buena parte de la población helena ve impotente cómo la crisis se lleva toda posibilidad de una vida digna. ¿Es de admirarse, entonces, que sumándose a las protestas, los medios griegos hayan optado por duros ataques a los alemanes? Programas de televisión con los nazis como tema baten récords de audiencia.



“La Alemania nazi sigue viva”.



Otros países europeos también han ido desempolvando su imaginario nazi a medida que la crisis ha ido haciéndose sentir. Éste es el caso de Chipre, que no sufrió de ocupación alemana durante la guerra. Cuando los pequeños ahorristas comenzaron a temer que tendrían que pagar por la quiebra de los bancos, furiosos manifestantes salieron a las calles con máscaras de Merkel y bigotes de Hitler. En sus pancartas se leía: “la Alemania nazi sigue viva”. Y en España, recientemente un profesor de Economía escribió en el diario de más difusión del país que Merkel “como Hitler ha declarado la guerra al resto de Europa, esta vez para asegurar a los alemanes su espacio económico”. Aun cuando los editores retiraron el artículo, esto es prueba de que el aire está envenenado.



Importa poco que las comparaciones con los nazis no sean sustentables históricamente. Olaf Schwencke, ex diputado alemán al Parlamento Europeo y ahora presidente de la Asociación Alemana de la Fundación Cultural Europea (ECF), opina que aunque “son totalmente inapropiadas, en cierta medida son comprensibles sicológicamente”. Los últimos acontecimientos despiertan la memoria colectiva de esas naciones que fueron invadidas por los nazis y “cuando aparece un nuevo desafío la respuesta es desproporcionada”, afirma.



¿El fin de la cultura política?.



No obstante, Schwencke es muy crítico con la manera en que Alemania ha tratado esta situación. “Deberían haber dejado claro que su aporte económico es parte de la solidaridad europea y no actuar según el lema "nosotros lo hemos hecho bien, háganlo como nosotros".

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